Estructura de la propiedad

A la hora de estudiar los factores que intervienen en la actividad agraria, es importante tener en cuenta la estructura de la propiedad en función del régimen de tenencia de las mismas y de las dimensiones y productividad de las explotaciones.

La propiedad de la tierra supone que el propietario tiene libertad para hacer o no hacer uso de ella. Es decir, puede explotar su tierra, en cuyo caso se´ria propietario y empresario a la vez, o bien puede delegar en otra persona para que trabajase esa tierra: en este caso no sería empresario, pero sí propietario. Por este motivo se distinguen los conceptos de propiedad y explotación. La explotación es una “unidad técnico-económica de la que se obtienen productos agrarios bajo la responsabilidad de un empresario”, que puede ser o no el propietario de la tierra. Esta dualidad nos da pie a hablar del régimen de tenencia, que es el grado de dominio sobre la tierra. Cuando propietario y empresario coinciden, estamos ante un régimen de tenencia directo y, cuando no coinciden, el régimen de tenencia es indirecto. Este último puede tener dos variedades: el arrendamiento, cuando el empresario explota las tierras a cambio del pago de un alquiler a su propietario, y la aparcería, cuando las explota a cambio de la cesión al propietario de parte de los beneficios.

En España el tamaño medio del suelo laborable de las explotaciones agrarias es bastante adecuado (14,7 ha), pero presenta el inconveniente de que cada explotación está formada por varias parcelas. La excesiva parcelación provoca pérdidas de tiempo en el traslado de una parcela a otra, reduce el espacio para los cultivos por la multiplicidad de lindes y dificulta la mecanización y el aprovechamiento racional del suelo. De ahí la Ley de Concentración Parcelaria, que a partir de la década de 1950 intentó solucionar este problema. En la actualidad, la dimensión promedio de las explotaciones ha aumentado mientras que su número ha disminuido, como consecuencia del éxodo rural y del éxito de la concentración parcelaria en algunas zonas.

Aunque el tamaño medio de la propiedad ha aumentado al haberse reducido el número de pequeños propietarios, el tamaño de las propiedades agrarias españolas todavía se caracteriza por los valores extremos y por la escasez de propiedades de tamaño medio.

  • La gran propiedad o latifundio (más de 100 ha) reúne a más del 50% de las tierras y solo al 0,8% de los propietarios. Predomina en Andalucía occidental, Castilla-La Mancha, Aragón y Extremadura. El latifundismo español tiene su origen en un proceso histórico que se remonta a la Edad Media, a las encomiendas de las Órdenes Militares (Extremadura, Castilla-La Mancha) y a los repartimientos (Andalucía occidental) de la época de la Reconquista, y que se consolidó con la desamortización en el s. XIX. Entonces se produjo un cambio radical en las características de los propietarios: la Iglesia, las Órdenes Militares y los municipios fueron sustituidos por una oligarquía terrateniente. Además, un gran número de jornaleros y pequeños propietarios, que hasta entonces se habían beneficiado de los bienes comunales, fueron privados de importantes recursos para su subsistencia.
  • La pequeña propiedad o minifundio (menos de 10 ha) reúne solo el 10,5% de la tierra y al 53,2% de los propietarios. Predomina en Galicia, con una excesiva parcelación agraria, pero también en otras provincias de Castilla y León (Segovia, Burgos, Ávila, León), así como en Cantabria, Comunidad Valenciana, Asturias y Canarias.

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